septiembre 02, 2007

bolaño. La pista de hielo*

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Por esos días Carmen pensó que estaba grave y tuvo miedo. Miedo de morir sola y desasistida, como decía el recluta. Pero no murió. ¡Entonces conocí todas las alimañas de la administración pública!¡A los chacales y a los buitres!¡Demócratas de toda la vida dispuestos a dejarme morir, sin compadecerse o sonreír siquiera cuando les hacía un chiste o les imitaba a Monserrat Caballé! Nunca confíes en los oficinistas, guapte. Todos los que trabajan en una oficina son unos hijos de puta y están condenados a ser pasados a cuchillo de un modo u otro. Solo una niña me quizo ayudar de verdad: la asistente social, una chica muy bonita y muy enterada, además de los vaivenes de los clásicos. Los clásicos de la ópera, claro.

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BOLAÑO, Roberto, "La pista de hielo", Ed, Seix Barrial, pág.98.

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